Amor. Comunidad. Revolución

Martes, 30 de julio de 2019. Durante la sesión de cierre del ADE Institute EMEIA 2019 que tuvo lugar en Noordwijkerhout, Países Bajos, se nos pidió que, si lo deseábamos, sintetizáramos nuestra experiencia en el evento en tan sólo tres palabras y la compartiéramos con el resto de asistentes. Pues bien, las tres palabras que escogí son las tres que dan título a este artículo y en él trataré de explicar la causa de su elección.

Amor

Según sir Jonathan Ive, una de sus principales motivaciones a la hora de diseñar productos es que cuando haces algo con amor y cuidado, aunque quizás jamás las conozcas o jamás les des la mano, la personas que lo usan sentirán ese amor con el que expresas tu gratitud a la humanidad, a la especie. 

Como explicaba en el anterior artículo, “De dioses del diseño y programaciones didácticas”, son muchos los docentes que no expresan su gratitud a la humanidad y que simplemente buscan cumplir el expediente haciendo lo mínimo, descuidando absolutamente el diseño de la experiencia de aprendizaje de sus alumnos. 

Sin embargo, durante tres días el amor estaba en el aire por todo Noordwijkerhout. Cientos de docentes venidos de decenas de países de Europa, Oriente Medio, India y África consiguieron hablar un lenguaje común: el amor por lo que hacen, el amor por lo que no existe y va a venir, el amor por la profesión de la que proceden el resto, el amor por la mejor profesión del mundo.

Comunidad

Evidentemente, ese amor se convierte en un vínculo tan fuerte que da lugar a la creación de una comunidad. Una comunidad en la que todos aprendemos de todos, en la que todos colaboramos con todos, en la que salvamos las barreras geográficas, temporales o lingüísticas para poder levantarnos cada día de la cama y afrontar el día con la cabeza bien alta, sabiendo que vamos a poder cambiar el mundo desde nuestras aulas.

Durante el pasado curso tuve la inmensa suerte de colaborar con otros dos ADEs, Carlos García y Alessandro Suizzo, en un proyecto titulado “Dante + Quijote: Una aventura de La Mancha al infierno”. En él, los alumnos del Colegio Internacional de Levante y de un instituto italiano escribieron una novela breve en la que Don Quijote y Dante intercambiaban sus papeles y la publicaron en formato Playground Book, de manera que pudieron incluir sus propias ilustraciones y canciones y programar videojuegos y animaciones. Este proyecto, que tuve la suerte de poder presentar en un pitch en el Institute, fue muy motivador para nuestros alumnos, que mostraron un interés inusitado por la literatura del “manco de Lepanto”. ¿Quién sabe si este proyecto será la chispa que encienda la llama del interés por la literatura o por la programación en alguno de ellos?

Colaboraciones como estas son más que habituales en la comunidad ADE y dan lugar a una auténtica revolución en nuestras aulas.

Revolución

Cambiar el mundo no es una tarea sencilla. Pero aún lo es menos cuando es sólo una persona la que la quiere llevar a cabo. Son muchos los ADEs que en algún momento de su carrera se han sentido solos. No es mi caso en la actualidad, ya que el Colegio Internacional de Levante es un entorno idílico para innovar, pero sí me he sentido así en otros momentos de mi andadura como profesor. 

Sin embargo, cuando llegas a un evento como este te encuentras con centenares de historias de innovación, de amor, de comunidad, de cuidado por el detalle, de mimo, de atención, de saber, en definitiva, que lo que tienes a unos treinta centímetros son personas y no tornillos, con todo el potencial que eso implica, y que si las cuidamos y les ayudamos, podremos cambiar el mundo y ayudarles a acompañarnos en ese camino. Ahora me resulta aún más evidente que una revolución educativa se está abriendo camino y es absolutamente imparable.

Gratitud

Aunque no la dije, dado que el máximo estaba en tres palabras, me gustaría añadir en estas ultimas líneas la palabra “gratitud”. Por tanto, aprovecho para dar las gracias al Colegio Internacional de Levante y a todos mis compañeros por haberme ayudado a vivir una experiencia que recordaré toda mi vida y a Apple y todos sus empleados por habernos demostrado, una vez más, su gratitud a la humanidad haciendo que este Institute fuera posible y dándonos un trato extraordinario.

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