De dioses del diseño y programaciones didácticas

“Es triste y frustrante que estemos rodeados de productos que parecen dar fe de una completa falta de atención. Eso es algo interesante sobre un objeto. Un objeto dice mucho sobre la compañía que lo produjo y sus valores y prioridades”. Estas palabras fueron pronunciadas por sir Jonathan Ive, una auténtica leyenda del diseño, en unas entrevista para el documental Objectified, una obra de referencia para todos aquellos interesados en el diseño industrial. Ive es uno de los grandes artífices del renacimiento de Apple, ya que fue el máximo responsable del diseño de productos como el iMac, el iPod, el iPhone, el iPad, el Apple Watch o los AirPods, entre otros. Todos estos productos han supuesto una gran revolución en el campo de la tecnología y han cambiado para siempre la vida de sus usuarios.

Como docente con algo de experiencia, creo que la vinculación entre el diseño industrial y la educación es innegable. Los profesores diseñamos un producto, nuestras clases, que es consumido diariamente (y en la mayoría de casos por obligación) por nuestro alumnado. Millones de chicas y chicos pasan largas horas cada día consumiendo ese producto a la fuerza, les guste o no. Imaginen lo que eso supone. Imaginen ahora que ese producto es horrible. ¿Cómo se sentirían? Seguramente frustrados, ¿verdad?

Pues bien, en las últimas semanas son muchos los docentes, muchos de ellos seguramente fervorosos consumidores de Nescafé, que opositan para conseguir tener acceso a “un sueldo para toda la vida” (aunque no negaré que algunos de ellos también aspiran a conseguir el trabajo de sus sueños). El proceso de oposición les obliga a reflexionar sobre su práctica y muchos comentan que la programación docente que deben entregar y defender les parece inútil.

Les contaré una anécdota. Cuando estaba en la universidad, teniendo claro que quería dedicarme a esto de la educación, decidí realizar unas prácticas en un instituto público. Como parte de la evaluación de esas prácticas, debía analizar la programación didáctica del departamento al cual pertenecía. Corría el año 2008 por aquel entonces. Aún recuerdo las palabras iniciales del apartado “Nuevas tecnologías”. Decía así: “En el presente curso 1995 – 1996 hemos implementado un innovador sistema de CD-Roms (…)”. ¡1995 – 1996! En trece años nadie había revisado esas programaciones. En trece años, ahí es nada, el producto no se había actualizado. Lógicamente, muchos de los docentes que hoy se presentan a la oposición consideran que ese documento es absolutamente inútil, ya que ni lo han consultado, ni lo han ajustado a los requerimientos de sus alumnos, ni lo han llevado a la práctica en el aula.

Por tanto, podemos concluir que los alumnos están “rodeados de productos que parecen dar fe de una completa falta de atención“. No pueden imaginar lo importante que es diseñar un producto a su altura, un producto que se ajuste a sus necesidades y gustos, que deseen usar, que les motive y les ayude a ser mejores.

Como Jonathan Ive, Dieter Rams, los Eames, los Vignelli, Paul Rand, Mies Van der Rohe, Le Corbusier, Alvar Aalto, o Marc Newson; como los grandes dioses del diseño, los docentes tenemos la obligación de mejorar el mundo a través de nuestros productos. Además, ni siquiera nos hemos de preocupar por si se vende, porque se vende sí o sí. Preocupémonos por el diseño de nuestras clases. Cambiemos el mundo desde nuestras aulas. Y para ello, programemos bien, diseñemos bien.

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