La gran fiesta del cambio educativo

El pasado 19 de mayo se celebró el primer ADE Local Learning Festival en el Colegio Internacional de Levante.

“Los alumnos de hoy en día distan mucho de los de hace unos años”. Este es un comentario muy recurrente en las tertulias sobre educación, hasta el punto de que algunos autores, como Marc Prensky, han sentido la necesidad de acuñar términos como “nativo digital” o “inmigrante digital” para hacer patente esta transformación. A pesar de ello (y para sorpresa de muchos), este cambio parece no ir acompañado de una revolución en el sector de la educación. El modelo de la clase magistral en el que un profesor trata de transmitir sus conocimientos más o menos elevados sobre una materia a unos alumnos pasivos que deben tratar de recordar todo aquello que se les ha dicho y plasmarlo en un examen parece querer perpetuarse para siempre.

Sin embargo, cada vez son más los profesores que luchan por cambiarlo todo, por convertir la educación en una experiencia auténticamente enriquecedora y personal. Y la punta de lanza de este movimiento son los Apple Distinguished Educators (ADEs), educadores distinguidos por la empresa de Cupertino por su capacidad transformadora. Con la función de “evangelizar” sobre esa rompedora visión de la educación, diversos ADEs se reunieron en el Colegio Internacional de Levante el pasado 19 de mayo. Y ciertamente consiguieron su objetivo.

Josep Vicent Climent explicó qué significa ser un ADE y cómo las tecnologías de Apple hacen mucho más sencillo el paso de un modelo educativo anclado en el pasado a otro en el que el alumno se convierte en el auténtico protagonista. Los que llevamos ya algún tiempo a pie de aula sabemos que existe una condición sine qua non para que un alumno logre aprender: que quiera hacerlo. Para ello, debe estar motivado y, sin lugar a dudas, la clase magistral ha perdido gran parte de su interés para la juventud. Como comentaba Ana Zamora, “un adolescente puede perder la atención unas 2000 veces por hora”. ¿De qué le sirve, pues, que un señor le cuente cosas que no le interesan y que no quiere recordar? ¿Qué puede aprender de ello? Seguramente muy poco. Es necesario que los docentes nos adaptemos a nuestra audiencia como lo han hecho el resto de industrias. No podemos seguir ofertando algo que ya pocos consideran de utilidad.

Las experiencias de la propia Ana Zamora, de Guillermo Negre, de David Chacón, de Rodrigo Egido, de Carlos García o de un servidor resultaron muy clarificadoras al respecto. Salvando las distancias de la etapa o el área en la que se desarrollaron, existía un nexo de unión claro entre todas ellas: el alumno dejaba de ser un mueble más dentro del aula y pasaba a hacer; grababa vídeos en stop motion, se convertía en youtuber, viajaba en el tiempo, escribía una novela, programaba robots o aprendía los reinos de la naturaleza a la vez que practicaba la programación en lenguaje Swift. Y lo mejor de todo: lo pasaba en grande mientras hacía todo eso. Todos ellos consiguieron que el alumno quisiera aprender y, sobre todo, que lo hiciera. La excelente ponencia de Julio César Fernández fue la guinda del pastel, al hacernos partícipes de los cambios que se avecinan y que ayudarán a que cada vez más profesores y profesoras se unan al cambio.

En definitiva, los ADEs trasladan al campo educativo la máxima de Horacio: “prodesse et delectare”. Es necesario que enseñemos deleitando y, para ello, es fundamental que comencemos por conseguir que nuestros alumnos quieran aprender. “Enseñar deleitando” es la clave del éxito docente.

Rubén Benet Santos

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